Que agradable ha sido en este tiempo convulso, cuando los pueblos de Cuba y Estados Unidos se sienten cada vez más separados por problemas políticos, constatar como surgen las sonrisas en los rostros de los que se juntan bajo una misma fe. Así ha ocurrido con esta visita del grupo de mujeres pastoras, profesoras y estudiantes de teología proveniente de Estados Unidos. Hace falta muy poco tiempo para sembrar una bella flor, por eso sé que a lo largo de esta semana compartiendo con mujeres de la Fibac, sembraremos juntas todo un jardín de hermandad.