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Cuscó Tarradell is |
HOY NO ES VIERNES TRECE PERO DUELE EL DÍA
*(TRAGEDIA DE AVIÓN-Escrito por Cuscó Tarradell)
No hay bálsamos este viernes para las familias de las víctimas del naufragio aéreo en Cuba. Ni siquiera para las de las tres mujeres sobrevivientes porque las cirugías de urgencia no han sido halagüeñas. En estado crítico las esperanzas de respirar se encauzan al MILAGRO, como ahora en el Hospital Calixto García de la Habana. Cuando los vecinos cercanos al impacto relatan el siniestro coinciden en “una bomba caída del cielo”, “una detonación estridente”; hace poco catarata de humo emergiendo desde un campo de cultivos varios. Más de 100 vidas iban a bordo Boeing 737, miscelánea calcinada. La mayoría eran cubanos; algunos, extranjeros. Será difícil contarlo por algún pasajero o tripulante. Fuentes no oficiales hablan que un bebé menor de dos años y cuatro niños menores de 10 subieron a ese ávión; todos penan ahora en las sombras, de donde nunca regresarán. El vuelo CU-972 ya es historia nefasta.
El avión fabricado en 1979 se ha estrellado aproximadamente
El Boeing 737 accidentado estaba alquilado a la firma mexicana Global Air, propietaria de Aerolíneas Damojh, una empresa fundada en Guadalajara (México) en 1990. Con una flota de tres aviones y 24 años de experiencia en el ramo del transporte aéreo ejecutivo y comercial, opera vuelos chárter nacionales e internacionales
El último desastre aéreo en Cuba, antes de la desgracia de este 18 de mayo, ocurrió en abril de 2017 cuando un avión AN-26 perteneciente a las Fuerzas Armadas Revolucionarias
El penúltimo accidente de este tipo, antes de hoy, señala al jueves 4 de noviembre de 2010: 68 personas fallecieron al estrellarse un avión de la compañía Aerocaribean en la ruta Santiago de Cuba a la Habana. Era el vuelo 883- aeronave ATR-72-212 y se desplomó en las proximidades de las comunidades rurales de Paredes y Guasimal, ubicadas a unos 15 kilómetros de la cabecera provincial de Santi Spíritus, relativamente cercanas a la presa Zaza, el mayor embalse de Cuba. Desde aquella tragedia, los aplausos extendidos liberaban la ansiedad después de cada aterrizaje- aún con los cinturones de seguridad abrochados- de quiénes decidían volar en avión; los pasajeros impusieron una moda vuelística. Otros, se apretaban las manos sin conocerse. Las súplicas de "salvación" dejaban de ser un susurro íntimo. Los turistas foráneos podían reír de esta conducta cubana. Tal vez la práctica expire cuando nuestro país adquiera aviones seguros para armar su propia flota.
Hoy NO es VIERNES 13 como en las películas; pero SÍ de desdicha para la Aeronáutica Cubana, para las almas dolientes. Nadie querrá desaparecer físicamente en caída libre después de despegar. ¡Que los muertos descansen en paz!